Putin envía a sus tropas las reliquias del príncipe Donskói, mito de su guerra milenaria contra Occidente




Todo régimen necesita de mitos fundacionales para legitimarse en su mesianismo. Stalin copió a Iván el Terrible y permitió sacar en procesión el ícono de Nuestra Señora de Kazán, Santa protectora de Rusia, durante la invasión nazi; Franco hizo de la mano izquierda de Santa Teresa su guía en la Guerra Civil, y Vladímir Putin ha enviado al frente de Ucrania otra mano, la derecha con la que supuestamente blandía la espada el príncipe Donskói, para que los rusos unan su guerra actual con el enfrentamiento de Kulikovo de 1380. Una batalla que no fue decisiva, pero a la que la propaganda rusa ha vuelto a elevar a leyenda para que simbolice la unidad de los rusos frente al enemigo extranjero. Justo lo que el Putinismo, ávido de una amenaza exterior eterna con la que justificar su represión, necesita representar hoy con Occidente.Seguir leyendo
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