EDITORIAL: Las sirenas policiales son una herramienta de emergencia no un privilegio – En Directo-Tja.



Las sirenas de los vehículos policiales fueron creadas para una función muy concreta, cual es advertir a los demás conductores y peatones que existe una situación de emergencia y que, por razones de seguridad y urgencia, se necesita abrir paso. Sin embargo, en Tarija se ha vuelto cada vez más frecuente escuchar sirenas que parecen haber dejado de anunciar una emergencia para convertirse simplemente en una manera de avanzar más rápido por una ciudad congestionada.
Y eso debe terminar.
Una sirena no es un adorno, tampoco una autorización para saltarse las normas de tránsito cuando no existe una situación que realmente lo justifique. Su utilización implica que los demás conductores deben reaccionar, detenerse, ceder el paso y asumir incluso el riesgo de realizar maniobras imprevistas. Por eso su uso debe estar estrictamente relacionado con una emergencia real.
El ciudadano que escucha una sirena no tiene manera de saber si detrás de ella existe una persecución, un accidente, una persona herida que necesita atención inmediata o simplemente un vehículo policial que tiene prisa por llegar a algún lugar. Y justamente allí está el problema, cuando una herramienta de emergencia se utiliza indiscriminadamente, pierde su verdadero significado.
Además, existe una cuestión de respeto hacia la ciudadanía.
Tarija no es una ciudad donde las distancias sean enormes. Pero sí es una ciudad donde el tráfico puede complicarse y donde cualquier vehículo que utiliza una sirena obtiene inmediatamente una ventaja sobre cientos de conductores que esperan pacientemente en una intersección.
La Policía necesita, naturalmente, herramientas que le permitan responder con rapidez cuando la situación lo exige. Nadie pretende que un patrullero que acude a un hecho delictivo, un accidente o una emergencia médica tenga que permanecer atrapado en el tráfico. Precisamente por eso debemos preservar el valor de la sirena, cuando suene, debe significar que realmente hay una emergencia.
Lo que no puede aceptarse es que se utilice para asuntos rutinarios, traslados administrativos, desplazamientos particulares o simplemente para evitar una congestión vehicular.
Y aquí también corresponde una responsabilidad interna de la propia institución policial. Deben existir controles sobre el uso de estos dispositivos y, si corresponde, sanciones cuando se compruebe un uso indebido. La autoridad que exige a los ciudadanos cumplir las normas debe ser también la primera en dar el ejemplo.
No se trata de una persecución contra la Policía. Todo lo contrario. Se trata de exigir que una institución fundamental para la seguridad ciudadana conserve la confianza y el respeto de la población.
Las sirenas deben volver a significar emergencia.
No pueden convertirse en un mecanismo para tener una vía rápida mientras el resto de los ciudadanos espera. Tampoco pueden ser utilizadas como una expresión de autoridad o privilegio.
En una sociedad donde todos debemos respetar las reglas, nadie debería estar por encima de ellas sin una razón legítima.
La Policía necesita recuperar el verdadero sentido de sus sirenas. Porque cuando una sirena se escucha, el ciudadano debe saber que hay una emergencia detrás de ese sonido y que debe colaborar para abrir paso.
Pero si las sirenas se utilizan para todo, llegará el día en que nadie sabrá cuándo realmente hay que reaccionar.
Y ese día, el abuso de una herramienta que debería servir para salvar vidas puede terminar convirtiéndose en un problema de seguridad para todos.