
Barras de cereales, yogures, cafés fortificados e incluso aguas enriquecidas con proteína. Las estanterías de los supermercados se han llenado en los últimos años de un reclamo nutricional que parece indiscutible: cuanta más proteína, mejor . Sin embargo, las evidencias empiezan a poner un freno a esta fiebre por el macronutriente. Esta semana, una revisión de más de 350 investigaciones científicas sugiere que reducir la ingesta de proteínas podría reportar beneficios mucho mayores para la salud e incluso, en determinados casos, alargar la esperanza de vida.El trabajo, publicado en la revista ‘ Cell Press Blue ‘, analiza en profundidad los mecanismos por los cuales frenar el aporte proteico ralentiza el envejecimiento. Los investigadores detallan que limitar este nutriente mejora sensiblemente el metabolismo , altera la forma en que las células responden a la nutrición, reduce el daño celular acumulado y preserva la función de los tejidos sanos. El hallazgo choca de frente con la tendencia actual de consumo masivo y pone en entredicho las directrices dietéticas más recientes.El hallazgo choca de frente con la tendencia actual de consumo y pone en entredicho las directrices dietéticas más recientesPara la población deportista o con un nivel de entrenamiento exigente, el aporte elevado sigue teniendo sentido , pero la realidad social es muy distinta. «Es absolutamente evidente que las proteínas aportan beneficios al crecimiento muscular y a la respuesta al ejercicio en personas activas», señala Dudley Lamming, autor principal del estudio e investigador en la Universidad de Wisconsin-Madison. «Pero como la mayoría de la población es relativamente sedentaria, muchas personas están consumiendo probablemente más proteínas de las que realmente necesitan , lo que podría acarrear consecuencias negativas para la salud».El freno a las enfermedades de la vejezDesde hace décadas, la comunidad científica sabe que restringir las calorías prolonga la longevidad en multitud de organismos y reduce la incidencia de patologías asociadas a la edad, como el cáncer. Sin embargo, someterse a una dieta hipocalórica continua resulta sumamente difícil para el ser humano medio. La alternativa de reducir solo la proteína permite obtener efectos muy similares sin necesidad de pasar hambre ni recortar la energía total consumida.Uno de los actores principales en este entramado molecular es la hormona FGF21 (factor de crecimiento de fibroblastos 21), cuyos niveles se disparan en el organismo cuando el consumo de proteínas cae. Esta sustancia aumenta el gasto energético del cuerpo, mejora drásticamente el control del azúcar en sangre y frena la inflamación sistémica . En modelos de laboratorio, los animales con niveles elevados de FGF21 vivieron significativamente más tiempo. Asimismo, los ensayos clínicos en humanos demuestran que limitar las proteínas ayuda a perder peso y grasa visceral, mejorando la glucemia en ayunas.Los ensayos clínicos en humanos muestran que limitar las proteínas ayuda a perder peso y grasa visceral, mejorando la glucemia en ayunasLa investigación señala también a tres aminoácidos específicos —metionina, isoleucina y valina— como los principales responsables de acelerar el reloj biológico. Cuando se ingieren en exceso, estos componentes esenciales de las proteínas activan rutas metabólicas que promueven un crecimiento celular descontrolado . A la larga, este sobreestímulo incrementa el riesgo de sufrir obesidad, procesos inflamatorios crónicos y un amplio abanico de patologías degenerativas.Ajustar la dieta a la actividad, no solo a la edadLa paradoja médica se agrava al comparar estos hallazgos con la regulación actual. En el último año, las autoridades sanitarias estadounidenses actualizaron sus guías recomendando elevar la ingesta diaria hasta los 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso para frenar la pérdida de masa muscular en ancianos, casi duplicando las pautas anteriores. Frente a este criterio generalista, los autores del trabajo piden prudencia y abogan por una nutrición personalizada que tenga en cuenta si la persona se mueve o pasa el día sentada.Los autores abogan por una nutrición que tenga en cuenta si la persona se mueve o pasa el día sentadaEl contraste en la comunidad científica es evidente ante la falta de ensayos clínicos de larga duración en humanos. «Es una revisión amplia, interesante y oportuna, pero no es un nuevo ensayo clínico ni demuestra que reducir la proteína prolongue la vida humana. La evidencia más convincente sobre longevidad procede todavía de modelos animales», advierte al Science Media Center (SMC) España el investigador José M. Ordovás, del Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento de la Universidad Tufts.Para Ordovás, este trabajo sirve de contrapeso frente a la idea simplista de que consumir más siempre es beneficioso, aunque recalca la importancia de no caer en el extremo opuesto. «No deberíamos sustituir el eslogan ‘más proteína es mejor’ por otro igualmente simplista de ‘menos proteína alarga la vida’. El mensaje razonable es consumir una cantidad adecuada, no necesariamente máxima, prestando atención a la calidad y procedencia de los alimentos y adaptándola a cada persona», concluye el experto.