
Es martes, pero la clínica ambulante aprovecha una escuela vacía en la localidad cisjordana de Aktaba para instalarse durante unas horas. Hoy no hay niños porque la asfixia económica de Israel a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) la ha obligado a reducir a la mitad el salario y tiempo de trabajo de los funcionarios, como los profesores, así que solo hay tres días de clase presencial por semana. Esa misma guerra silenciosa (Israel se ha quedado desde 2019 con unos 4.000 millones de euros de impuestos y aranceles que recauda en nombre de la ANP y estaría obligado a transferirle) también está impactando, de forma cada vez más peligrosa, en el acceso a la sanidad en Cisjordania. Tanto que esta mañana han acudido 520 personas (más que la media de 350) a la clínica móvil que ha instalado la ONG Médicos por los Derechos Humanos – Israel para compensar la carencia de citas, material y medicamentos en los centros públicos o de la ONU. Algunos logran aquí gratis los medicamentos que les resultan prohibitivos en las farmacias. Seguir leyendo
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