
«Yo cubrí el Mundial del 2014, en Brasil. Trabajé en esa cobertura y la dimensión que tenía para la gente era totalmente diferente a esto. Acá, a pesar de ser un país chico, la entrega de la gente es gigante». Raphael Bozeo es periodista y asumió un riesgo: ir en busca de una historia pero involucrándose en todo el proceso de desarrollo. Así llegó a Cabo Verde en la previa del Mundial, pero no sólo para ver fútbol.
«No vine detrás del exotismo ni del resultado. Tampoco a medir el tamaño de la selección. Vine a conocer la historia de la gente. Mi pasión por contar historias pequeñas del fútbol, las curiosas, las divertidas, las que casi nadie está mirando, fue lo que me trajo hasta Cabo Verde. Quería entender cómo los caboverdianos aman el fútbol en un lugar donde pocos apuntan la cámara».
Lo que le cuenta detalladamente Raphael a Olé desde Praia, la capital del exótico país cuyo representativo enfrentará a Argentina en los 16avos de final de la Copa del Mundo, este viernes en Miami, es un preámbulo para explicar que -además del trabajo para su proyecto @futebolmiudo y para Rede Globo- su involucramiento lo llevó a inscribirse en una maestría en educación estudiando la relación entre la infancia y el fútbol en la Universidad Estadual de Río de Janeiro (PROPEd/UERJ) en el grupo de investigación Kékeré.
Un empate que le cambió los planes
Con la intención primaria de incluir en la full experience el compartir con los lugareños la fiesta del primer partido, las consecuencias de aquel empate histórico contra la España campeona de Europa hicieron estragos en sus planes. «Primero me quedé una semana más. Después decidí quedarme hasta el final de la participación… y un poco más también, para sentir lo que viene después de este momento», confiesa.
Sobre clima, rituales y la obligación de Argentina
-¿Qué imagen o momento, hasta ahora, resume mejor este clima de Copa en Cabo Verde?
-Algunas imágenes lo resumen. Hay un video después del empate contra Uruguay que fue de la fiesta arriba del escenario, una fiesta impresionante, en la Isla de San Vicente. Está la gran fiesta contra España, que tomó las calles de la capital del país, la Ciudad de Praia. Y están los abrazos y emociones silenciosas y grandiosas del mismo tamaño.
-¿Existe algún ritual, música o tradición local que esté marcando esta Copa para los caboverdianos?
-Hablan todo el tiempo del orgullo de ser caboverdianos. Hablan con amor. Está la canción Tiburón Azul que suena siempre, es la canción que los representa bien. Un ritual son las fiestas después de los partidos, se convierte en un carnaval.
-¿Y el furor por Vozinha luego de atajarse todo con España?
– Él es hoy un símbolo nacional. Yo fui a la casa de la madre de Vozinha y estuve con los hermanos. Son personas especiales y muy sencillas. Son personas que nos muestran un lado bueno del mundo.
-Con el partido contra Argentina acercándose, ¿cómo se siente el hincha local? ¿Hay expectativa, nervios, fiesta?
Ya no existe presión, la presión más grande fue en el partido contra Arabia. Ellos ya se sienten campeones. Un país de menos de 600 mil habitantes empatar con España, Uruguay y Arabia y ahora va a enfrentar a la actual campeona del mundo. Siento que lo van a disfrutar. En este partido, ellos no tienen responsabilidad. La obligación de ganar es de Argentina, y eso lo escucho todo el tiempo acá.
-Siendo brasileño, ¿sentís una conexión especial cubriendo a la selección de un país de habla portuguesa en este Mundial?
-Brasil y Argentina es la mayor rivalidad de la historia del fútbol y, claro, por estar viviendo esta energía del pueblo caboverdiano y estar involucrado, hincho para que Cabo Verde gane. Va a ser un partido lindo. Igual todavía sueño con ver un Brasil-Argentina en un Mundial, nunca tuve esa oportunidad.
Más allá del fútbol
A sus 40 años, le gusta lo que hace a Raphael, está claro y se nota. Disfruta del ambiente, de conocer, de contar con nombre propio como Ibrahim y Brian (chicos de alrededor de 10 años que inmortalizó en alguno de los videos que compartió en redes) festejaron los resultados conseguidos y hasta le regalaron camisetas.
Y como brasileño, lo que más lo mimetiza está claro que es el idioma y algunas costumbres en común. Pero -avisa- «lo que más me encanta es poder aprender y conocer las historias. Recorrer otros países del mundo después del Mundial. Posiblemente México, Portugal, España. ¿Y quién sabe si en algún momento voy también a la Argentina?«. Eso, ¿quién sabe?
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«Yo cubrí el Mundial del 2014, en Brasil. Trabajé en esa cobertura y la dimensión que tenía para la gente era totalmente diferente a esto. Acá, a pesar de ser un país chico, la entrega de la gente es gigante». Raphael Bozeo es periodista y asumió un riesgo: ir en busca de una historia pero involucrándose en todo el proceso de desarrollo. Así llegó a Cabo Verde en la previa del Mundial, pero no sólo para ver fútbol.
«No vine detrás del exotismo ni del resultado. Tampoco a medir el tamaño de la selección. Vine a conocer la historia de la gente. Mi pasión por contar historias pequeñas del fútbol, las curiosas, las divertidas, las que casi nadie está mirando, fue lo que me trajo hasta Cabo Verde. Quería entender cómo los caboverdianos aman el fútbol en un lugar donde pocos apuntan la cámara».
Lo que le cuenta detalladamente Raphael a Olé desde Praia, la capital del exótico país cuyo representativo enfrentará a Argentina en los 16avos de final de la Copa del Mundo, este viernes en Miami, es un preámbulo para explicar que -además del trabajo para su proyecto @futebolmiudo y para Rede Globo- su involucramiento lo llevó a inscribirse en una maestría en educación estudiando la relación entre la infancia y el fútbol en la Universidad Estadual de Río de Janeiro (PROPEd/UERJ) en el grupo de investigación Kékeré.
Un empate que le cambió los planes
Con la intención primaria de incluir en la full experience el compartir con los lugareños la fiesta del primer partido, las consecuencias de aquel empate histórico contra la España campeona de Europa hicieron estragos en sus planes. «Primero me quedé una semana más. Después decidí quedarme hasta el final de la participación… y un poco más también, para sentir lo que viene después de este momento», confiesa.
Sobre clima, rituales y la obligación de Argentina
-¿Qué imagen o momento, hasta ahora, resume mejor este clima de Copa en Cabo Verde?
-Algunas imágenes lo resumen. Hay un video después del empate contra Uruguay que fue de la fiesta arriba del escenario, una fiesta impresionante, en la Isla de San Vicente. Está la gran fiesta contra España, que tomó las calles de la capital del país, la Ciudad de Praia. Y están los abrazos y emociones silenciosas y grandiosas del mismo tamaño.
-¿Existe algún ritual, música o tradición local que esté marcando esta Copa para los caboverdianos?
-Hablan todo el tiempo del orgullo de ser caboverdianos. Hablan con amor. Está la canción Tiburón Azul que suena siempre, es la canción que los representa bien. Un ritual son las fiestas después de los partidos, se convierte en un carnaval.
-¿Y el furor por Vozinha luego de atajarse todo con España?
– Él es hoy un símbolo nacional. Yo fui a la casa de la madre de Vozinha y estuve con los hermanos. Son personas especiales y muy sencillas. Son personas que nos muestran un lado bueno del mundo.
-Con el partido contra Argentina acercándose, ¿cómo se siente el hincha local? ¿Hay expectativa, nervios, fiesta?
Ya no existe presión, la presión más grande fue en el partido contra Arabia. Ellos ya se sienten campeones. Un país de menos de 600 mil habitantes empatar con España, Uruguay y Arabia y ahora va a enfrentar a la actual campeona del mundo. Siento que lo van a disfrutar. En este partido, ellos no tienen responsabilidad. La obligación de ganar es de Argentina, y eso lo escucho todo el tiempo acá.
-Siendo brasileño, ¿sentís una conexión especial cubriendo a la selección de un país de habla portuguesa en este Mundial?
-Brasil y Argentina es la mayor rivalidad de la historia del fútbol y, claro, por estar viviendo esta energía del pueblo caboverdiano y estar involucrado, hincho para que Cabo Verde gane. Va a ser un partido lindo. Igual todavía sueño con ver un Brasil-Argentina en un Mundial, nunca tuve esa oportunidad.
Más allá del fútbol
A sus 40 años, le gusta lo que hace a Raphael, está claro y se nota. Disfruta del ambiente, de conocer, de contar con nombre propio como Ibrahim y Brian (chicos de alrededor de 10 años que inmortalizó en alguno de los videos que compartió en redes) festejaron los resultados conseguidos y hasta le regalaron camisetas.
Y como brasileño, lo que más lo mimetiza está claro que es el idioma y algunas costumbres en común. Pero -avisa- «lo que más me encanta es poder aprender y conocer las historias. Recorrer otros países del mundo después del Mundial. Posiblemente México, Portugal, España. ¿Y quién sabe si en algún momento voy también a la Argentina?«. Eso, ¿quién sabe?
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