EDITORIAL: Tarija no puede seguir viviendo bajo el riesgo de los vuelos de entrenamiento – En Directo Tja.


El accidente de una avioneta de entrenamiento civil ocurrido la semana pasada en inmediaciones del aeropuerto Capitán Oriel Lea Plaza vuelve a poner sobre la mesa una preocupación que Tarija no puede seguir ignorando, el riesgo que implica desarrollar actividades de entrenamiento aéreo en un entorno rodeado por zonas habitadas.

El miércoles 7 de octubre, una aeronave de una escuela de pilotaje civil sufrió un accidente poco después de despegar. Sus tres ocupantes resultaron heridos y la avioneta quedó con daños de consideración. La Dirección General de Aeronáutica Civil inició una investigación para establecer las causas del hecho, ante la posibilidad preliminar de una falla de motor.

Afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas fatales. Pero la pregunta que debemos hacernos es inevitable ¿qué habría ocurrido si una emergencia de estas características se hubiera producido sobre una zona densamente poblada?

No se trata de generar alarma ni de especular sobre un accidente cuyas causas todavía deben establecerse. Se trata de comprender que, cuando una aeronave presenta problemas durante el despegue, el aterrizaje o una maniobra de entrenamiento, las consecuencias potenciales no afectan solamente a quienes están a bordo. También pueden poner en peligro a las personas que viven, trabajan o transitan en tierra.

Y esa es precisamente la preocupación que hemos planteado en anteriores editoriales de En Directo Tja..

Nuestra ciudad ha crecido. Los barrios se han extendido y cada vez existen más viviendas, comercios y espacios de actividad cotidiana en las inmediaciones del aeropuerto y de la Brigada Aérea. Sin embargo, las actividades aeronáuticas deben evaluarse teniendo en cuenta esa realidad urbana y los riesgos que pueden representar para la población.

El problema no es la aviación ni la formación de nuevos pilotos. Tarija necesita profesionales capacitados, y tanto la aviación civil como la militar cumplen funciones importantes. Lo que corresponde discutir es dónde, cómo y bajo qué condiciones deben realizarse los vuelos de entrenamiento, especialmente cuando sus trayectorias pueden pasar sobre barrios habitados.

La seguridad no puede depender de la buena fortuna.

Tampoco podemos esperar a que ocurra una tragedia de mayores proporciones para recién abrir un debate que debió abordarse con anticipación. La prevención consiste precisamente en identificar los riesgos antes de que se conviertan en una desgracia.

Por ello, corresponde exigir a la Dirección General de Aeronáutica Civil, a las autoridades aeroportuarias y a las instancias competentes de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) una evaluación técnica seria y transparente de los vuelos de entrenamiento que se realizan en Tarija.

Esa evaluación debe considerar las rutas utilizadas, la frecuencia de las operaciones, las zonas habitadas que sobrevuelan, los procedimientos ante una falla mecánica y las alternativas disponibles para reducir la exposición de la población. También debe explicar qué medidas de seguridad existen y si resulta necesario modificar determinados recorridos o trasladar algunas prácticas a espacios más apropiados.

La misma exigencia debe aplicarse a los vuelos de entrenamiento de pilotos privados y a las operaciones de instrucción militar. No se trata de equiparar actividades que pueden tener características y protocolos distintos, sino de sostener un principio básico, la protección de la población debe formar parte de cualquier decisión operacional.

La condición militar de una aeronave no elimina la necesidad de prevenir riesgos. Y el carácter civil de una escuela de pilotaje tampoco la exime de cumplir estrictamente las normas de seguridad aeronáutica.

La ciudadanía tiene derecho a conocer qué controles se realizan, qué criterios determinan las rutas de entrenamiento y qué medidas se adoptan para minimizar los peligros en una ciudad que continúa creciendo.

Las autoridades deben escuchar esta preocupación sin interpretarla como una oposición al trabajo de los pilotos o de las instituciones aeronáuticas. La discusión no es contra quienes vuelan, sino sobre las condiciones en que se desarrollan esas actividades y la seguridad de quienes permanecen en tierra.

Tarija no puede vivir con la incertidumbre de que una falla durante un vuelo de entrenamiento termine convirtiéndose en una tragedia sobre alguno de sus barrios.

El reciente accidente debe servir como una advertencia y como una oportunidad para revisar lo que sea necesario. La investigación deberá establecer las causas del hecho, pero las autoridades no necesitan esperar sus conclusiones para examinar preventivamente los riesgos asociados a las operaciones de entrenamiento.

Desde En Directo Tja. insistimos en que la seguridad ciudadana debe ser una prioridad. No basta con lamentar los accidentes, auxiliar a los heridos y abrir investigaciones después de que ocurre un hecho. Es indispensable actuar antes, con planificación, información y decisiones responsables.

La formación de pilotos es necesaria. La actividad militar también lo es. Pero ninguna de estas consideraciones debe impedir que se analicen alternativas para reducir los riesgos sobre las zonas habitadas.

La prevención no es un obstáculo para la aviación; es una condición indispensable para que la aviación se desarrolle con responsabilidad.

Tarija merece respuestas concretas, una evaluación transparente y medidas que garanticen que la expansión de la ciudad y las actividades aéreas puedan convivir con el mayor nivel de seguridad posible.

No esperemos a que la próxima emergencia tenga consecuencias irreparables para comprender la importancia de actuar hoy.

Porque cuando se trata de la vida de los tarijeños, prevenir siempre será mejor que lamentar.

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