El grito de las madres de los soldados rusos obliga al Gobierno a revelar la cifra de pérdidas: 498 soldados muertos y 1.540 heridos graves

Han sido las madres de los jóvenes soldados rusos quienes, tras hacer pública su desesperación, obligaron al ministerio a que hiciera públicas las cifras de afectados por la guerra: también hay una cantidad indeterminada de capturadosRafik Rakhmankulov, 19 años y originario de Petrovka (Rusia).C. della Sera
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Enviado especial

Moscú
Actualizado Viernes,
4
marzo
2022

11:43Directo Última hora de la guerra en Ucrania Guerra en Ucrania La denuncia de las madres de los soldados rusos: «Están enviando a nuestros hijos a la guerra engañados» Las madres de los soldados rusos son la voz de sus hijos, que no pueden hablar. Y saben que ellas pueden alzar la voz, por lo que están sufriendo y por lo mucho que sufrirán todavía. Y cuando hablan, lo hacen de los chavales enviados al frente engañados y capturados, exhibidos como prueba de esta guerra que se suponía que iba a durar dos días y en cambio ya ha supuesto un grave coste humanitario. Han sido ellas quienes han obligado al Ministerio de Defensa a publicar los datos sobre las pérdidas sufridas por el ejército ruso, que ni siquiera han aparecido en los medios públicos del país. Ya hay, según los datos de las autoridades rusas, 498 víctimas, 1.540 heridos graves y una cantidad no especificada de soldados capturados por el enemigo ucraniano. Datos que se conocen gracias a las madres, a las que no se puede obligar a callar. Y es que las ‘fake news’ o noticias falsas en el mundo invertido de la Rusia de Vladimir Putin son, muy a menudo, la verdad. El joven soldado ruso que ha protagonizado un vídeo en el que, tras rendirse, una ucraniana le ofrece un té caliente y le deja hacer una videollamada a su madre, ni siquiera existía para los rusos. Por suerte, su familia lo reconoció en Internet y contó su historia a través de esas pocas redes sociales que todavía escapan de un control ruso cada vez más estricto.Las ‘fake news’ se han convertido en una realidad. En esta guerra, en la que la propaganda también juega un papel fundamental, el Ministerio de Defensa ucraniano ha demostrado que conoce una de las pocas debilidades de Rusia al difundir un comunicado en redes sociales el pasado 2 de marzo en el que explica que «los soldados capturados como prisioneros serán devueltos a las madres que vayan a recogerlos a Kiev». Para averiguarlo, basta con llamar a un número de teléfono o enviar un correo electrónico. Quién sabe si será o no verdad. En esta guerra que también es social el ejercicio de dudar es un deber. Una mujer de la ciudad rusa de Ulán-Udé, al sur de Siberia, se ha manifestado bajo el monumento a Lenin de su ciudad con el cartel del «No a la guerra» tras reconocer en un vídeo a su hijo Sergey Ochirov hecho prisionero en Ucrania. «Quiero que la gente entienda que esto no es mentira, a mi hijo de 19 años lo mandaron a pelear engañado, no sabía a donde se dirigía», explica. No puede ser casualidad que se difundan los rostros de los niños de los soldados rusos hechos prisioneros o asesinados. Eso revela algo, ya sea la creencia errónea de que la invasión era pan comido para Rusia o que el ejército ruso tiene un nivel de preparación que no parece estar a la altura de la fama de Putin.Las progenitoras de estos soldados dieron la voz de alarma. Valentina Melnikova, que dirige la Unión de los Comités de Madres de Soldados de Rusia, reconoce que el problema existe. Y es que la participación en las acciones bélicas debe ser, según ella, regulada por órdenes precisas. «Pero dado que la guerra en Ucrania no fue declarada de acuerdo con la Convención de Ginebra, me pregunto si estas órdenes, si es que las hay, son legalmente correctas», sentencia.Andrej Kurochkin, director de la ONG Comité de las madres rusas, es más preciso: «Nunca había habido un número tan alto de jóvenes rusos enviados al frente sin previo aviso y eso demuestra que algo no va bien», sentencia.No es la primera vez que Rusia consigue algo gracias a las madres. En el momento de la primera guerra en Chechenia, contribuyeron a convencer a Boris Yeltsin de que se retirara de esa carnicería sin sentido. Acamparon en la base rusa de Khanskala, cerca de Grozni. Recorrieron los pueblos con fotos de sus hijos, pidiendo noticias de ellos y proponiendo el intercambio de presos. Dijeron que no se irían sin noticias suyas o sin una tumba en la que llorarlos. Incluso durante las fases posteriores a la tragedia causada por el hundimiento del submarino Kurks, en agosto del año 2000, exigieron la recuperación a toda costa de los 107 cuerpos de las víctimas. Ese desastre parecía ya un símbolo de la decadencia rusa. Las autoridades querían mantenerlo oculto pero no lo consiguieron. A finales de ese mes, Putin se reunió con una delegación de madres de marineros en la base de Didyayevo. Fue la primera y única vez que el presidente ruso fue desafiado en público.Conforme a los criterios deThe Trust ProjectSaber más

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