Kiro Russo estrena su cinta: “El cine me interesa como un proceso social”

Jorge Soruco /  La Paz
Cargando 10 premios a cuestas, llega al fin El Gran movimiento a las pantallas nacionales. “Fue un largo camino, pero al fin hemos logrado que llegue”, contó el director, el paceño Kiro Russo.
El trabajo comenzó hace cinco años y para llegar a la meta el equipo tuvo que superar desde conflictos políticos hasta una pandemia mundial.
Como la mayoría de los proyectos de Russo, El gran movimiento tiene sus raíces en una conexión personal, más que una idea fija de a dónde se dirigiría la trama de la cinta.
“El cine me interesa más como un proceso social que como un entretenimiento”, explicó. “Soy un realizador bastante particular porque uno de mis principales objetivos tras cada proyecto es el trabajar con amigos y ver cómo evoluciona la historia de la cinta y el trabajo de ellos”.
Y el amigo que llevó a Russo a destacar en el Festival Internacional de Venecia  fue Max Eduardo Bautista Uchasara, quien es uno de los tres protagonistas de la película.
El director conoció a Max en 2004. “Es un personaje paceño que es tanto un yatiri, un vagabundo y una especie de cómico ambulante que busca hacer reír a todos”, recordó.
Esa amistad provocó a Russo, que desde el inicio tenía la idea de trabajar con Bautista, pese a todas las dificultades que eso implica. Poco a poco logró cumplir sus objetivos.
Algo similar pasó con su primer largometraje Viejo calavera (2016), cinta que comparte mucho con la que se estrena esta semana y con la que comparte varias características.
Ambas tienen una línea narrativa que gira alrededor de uno de sus protagonistas: Elder, interpretado por  Julio César Ticona, quien también es amigo del realizador paceño.
“El cine como proceso social y artístico también me permite ver cómo evolucionan las personas involucradas. Quienes vean el nuevo filme podrán ser testigo del proceso que vivió Julio César, a quien conocí cuando fui a Huanuni a realizar el cortometraje Juku (2012)”.
Esta característica de su trabajo afecta al desarrollo de la escritura. “He descubierto que el método tradicional de guionización no va conmigo. El contacto con la gente es lo que me lleva a estructurar las historias. Ellos también pueden desarrollar elementos que antes no vi”, dijo.
Esto hace que Russo considere que no realiza audiciones. “Lo que hago es conocer a la gente”.
Formalmente El gran movimiento puede considerarse una secuela de Viejo calavera. Pero también hay muchas diferencias que las distancia.
En esta ocasión, si bien Elder es el que lleva adelante la historia, la verdadera estrella es la ciudad.
Una diva complicada

Una toma de la ciudad de La Paz, protagonista de la cinta.Foto: Socavón

“La Paz es un personaje más. Sus sonidos, sus particularidades topográficas y calles son parte importante y llevan adelante la trama”, indicó.
En ese sentido se diferencia de otras dos producciones dedicadas a la sede de Gobierno: Chuquiago (Antonio Eguino, 1977) y Averno (Marcos Loayza, 2018).
“Chuquiago es una de mis películas favoritas nacionales sobre la urbe paceña. Pero si bien muestras vistas importantes de la hoyada, está estructurada en torno a los personajes. Por su parte, Averno es una cinta de ficción total, lo que las hace muy distintas”, consideró.
Russo explicó que recuperó un estilo de cinematografía denominado sinfonía urbana. Este tipo de producciones permiten apreciar a las ciudades del mundo a través de un recorrido guiado por el  ritmo musical.
“Existe algo muy poético respecto a nuestra ciudad. Y no solo respecto a sus estructuras, sino también a su vida tan dinámica y a los conflictos que se generan en ella”.

Elder y sus amigos conversan y comparten un trago en una de las escenas de la nueva película.Foto: Socavón

En la cinta, Elder, quien es uno de los tantos hijos de mineros que no encuentran trabajo, ni lugar, en los socavones, llega a La Paz en busca de trabajo. Pero enferma repentinamente.
En busca de una cura, entra en contacto con Max. Este personaje, mitad sabio y mitad payaso, lo lleva por la urbe en busca de su “ánima” perdida.
En este recorrido el espectador será testigo de las pulsaciones de la urbe. Pulsaciones que abarcan más allá de las ficciones y que sirven de testimonio de una realidad constante que viven los pobladores en las calles.
“La Paz es una ciudad que se destruye y reconstruye constantemente. Es un proceso que Max interpreta como demonios”.
De esta forma la ficción se une con el realismo testimonial. Russo contó que en presentaciones internacionales hubo personas que consideraron que era un documental, ya que mostraba eventos históricos.
Esto tiene una razón de ser: el rodaje fue complicado, ya que se lo hizo durante los conflictos sociopolíticos de 2019. “Teníamos que tener cuidado al grabar, porque ambos lados de la disputa reaccionaba mal a las cámaras”, comentó.
Pero eso no fue algo del momento, ya que Russo no deja nada al azar.
Todo controlado
“Reconozco que soy un cineasta muy formalista. Todo lo que hago está preparado y pensado de antemano”, reconoce.
Su proceso creativo es largo porque tiene que tener todo listo a la hora de trabajar. De hecho el rodaje es la segunda filmación que realiza.
“Me gusta explorar por mí mismo de forma previa. Con cámara en mano recorro la ciudad y, de esta manera, descubro nuevos rumbos”, aseguró. “En mi trabajo no tendremos ordenes vagas y que, por ejemplo, el director de fotografía improvise. Todo ya está preparado”.
Expectativas
El realizador es consciente que estrenar en estos momentos es una apuesta elevada. “Estamos atravesando un periodo de sobreoferta de actividades culturales, no solo en cine”.
Actualmente hay dos cintas bolivianas en las carteleras del país:  Mi Socio 2.0 (Paolo Agazzi)  se estrenó hace exactamente un mes con gran respuesta del público y Cuidando al sol (Catalina Razzini) el 25 de febrero.
Asimismo, El gran movimiento llega con muy buenas recomendaciones. Hasta la fecha ganó 10 reconocimientos: Premio Especial del Jurado de la sección Horizontes, de la Mostra de Venecia; Mejor Película Competencia Internacional en el Festival Internacional de Documentales de Santiago; dos estatuillas en el Festival de Cine de Autor de Belgrado, en Serbia; Premio Alexandar Petkovic a  Dirección de Fotografía, para Pablo Paniagua, y Dirección, para Ruso, otorgado por el jurado de la Asociación Serbia de Artistas Cinematográficos; el Fondazione Fai Persona Lavoro Ambiente a la Mejor Película con Temática de Trabajo y Medio Ambiente; Premio Especial del Jurado en el Festival Villa Medicise la Academia de Francia, en Roma; Mejor Película en la onceava edición de Márgenes en el Festival de Cine Independiente de Madrid y dos  en Entreveus de Belfort, Francia.
Además, la semana pasada se reveló que se encuentra en la lista corta para ser nominada en nueve categorías de los  Platino. Y  ya tiene invitaciones para participar en más festivales en lo que va del año
“Está dando que hablar en el exterior. Espero que los bolivianos puedan apoyarla como se merece: en el cine”, dijo. 

El cine como un  proceso social y artístico también me permite ver cómo evolucionan las personas involucradas

Kiro Russo

Reconozco que soy un cineasta muy formalista. Todo lo que hago está preparado y pensado de antemano

Kiro Russo

Soy un realizador bastante particular porque uno de mis principales objetivos tras cada proyecto es el trabajar con amigos

Kiro Russo

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