POLICÍA GUSARAPIENTA | La Voz de Tarija

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

El epígrafe nos infiere  a la concepción  de un importante bien institucional que despierta  en la población seguridad, tranquilidad y esperanza de paz perdurable por su solvencia y formación, empero, se corrompe, pudre  y se aparta de sus deberes fundamentales establecidos en la Constitución Política del Estado y en sus propios estatutos.

La acepción “el pueblo y la sociedad en oposición al Estado” asume relevante importancia, también la definición de sociedad de Estado y de los correspondientes usos estatales y técnicos, que están en oposición  a los usos  sociales orgánicos  y costumbres anteriores aceptadas. Así, la sociedad de Estado y los usos  de Estado  conllevan, fundamentalmente, procedimientos pacíficos y coercitivos y de organización  que se oponen a los procedimientos de grupo primario, voluntario e irregular.

Esta fase acerca a la completa comprensión de la vital importancia de la  Policía que se regirá  estrictamente a los procedimientos pacíficos y coercitivos, de la C.P.E. y de organización estatutaria, que garanticen efectivamente, sin resquicios, la paz social y  un comportamiento  individual y grupal que respete sagradamente los derechos del otro.

Para ello un cuerpo policial desde los que  ingresan con esperanzas de futuro cierto  y estudian para obtener esa calidad de servidor público, hasta los que ejercen  los diferentes mandos deben conocer, asimilar intelectivamente y aplicar completamente la conciencia moral, parte de la Lógica Formal, que evita  cualquier atisbo de corrupción y es un detente  poderoso  para militar, obedecer, actuar y ordenar una vida profesional impecable.

La conciencia moral es un sistema de pensamiento y sentimiento con el cual una persona hace frente  a los problemas de conducta; la conciencia es moral  en el sentido   que determina lo es bueno o malo para una persona concreta  en una situación determinada, en este  caso todo el cuerpo de la Policía.

Esta corrupción es aspiral y se inicia  desde los jóvenes  que ingresan a la Academia con honestos bríos para servir a la población, sin embargo, en su plan de estudios  no están contemplados los estudios profundos de la  conciencia moral y la Deontología profesional. Una vez en la actividad   están sujetos a la verticalidad de las órdenes superiores  de quiénes ya están  irremediablemente contaminados y hacen  de este ejercicio corrupto, para enriquecimiento personal, una costumbre.

Lo que sufre la Policía como Institución tiene su génesis  en décadas atrás, siendo un reflejo  auténtico  e inequívoco de lo que sucede con la justicia actual. Asimismo en lo político su accionar no trasunta lealtad pues ignoro varias veces que no debe deliberar.

Para estos males morales y materiales la  solución estriba en la total reorganización: reformando los planes de estudio, para ir a la base, y  sus estatutos, estructurándolos acorde a las necesidades, evolución y modernidad de la sociedad, no a las de la Policía.

No existe en las sociedades modernas otro servicio  más dignificante que servir  a la población y la Policía es la institución  que más cerca está   a  aquélla, antes que  las Fuerzas Armadas, sin embargo, la defrauda.

La negligencia, que la sufre el pueblo,  la comparte en similar dimensión el Estado con los sucesivos gobiernos que no se animan a una reestructuración total en todos los segmentos que los propios policías honestos la desean, pero no la piden abiertamente pues los desafectan.

*abogado, posgrados en Ciencia Política y Filosofia, Interculturalidad y Educación Superior, Arbitraje y Conciliación, Alta Gerencia para abogados, Derecho Aeronáutico, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades. 

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